lunes, 17 de noviembre de 2014

Imperio Bizantino

ORIGENES: Para asegurar el control del Imperio romano y hacer más eficiente su administración, el Emperador Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, consistente en la división del Imperio en dos partes, gobernadas por dos emperadores augustos, cada uno de los cuales llevaba asociado un «vice-emperador» y futuro heredero césar. Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia y se abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta el año 324, cuando Constantino I el Grande unificó ambas partes del Imperio.
Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330. La llamó «Nueva Roma», pero se la conoció popularmente como Constantinopla ('La Ciudad de Constantino'). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad, que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental.
Constantino fue también el primer Emperador en adoptar el cristianismo, religión que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales de dicha centuria, religión oficial del Imperio.


EXPANSIÓN E IMPERIO: La máxima expansión del Imperio Bizantino se registra a los comienzos de su larga historia, bajo el reinado de Justiniano I (527-565 dC). Comprendía:

1) La Península Balcánica (Grecia, Macedonia, Albania, y parte de Rumania y Bulgaria).

2) La Península de Anatolia (Asia Menor), en la actual Turquía.

3) El Medio Oriente (Siria, Líbano, Palestina, Tierra Santa, Sinaí y parte de Arabia).

4) El Noroeste de África (Egipto y parte de Libia y Túnez).



DECADENCIA: Tras el explendor de Justiniano(527-575) el imperio comenzó a perder territorios:
-Lombardos: Italia.
-Visigodos: Sur de España.
-Musulmanes: Costa Africana, Siria y Palestina.
-Turcos: Península de Anatolia y Balcanes.